19 Octubre, 2018

Cómo conducir un híbrido

La electrificación del automóvil es un hecho y ha llegado para quedarse. La movilidad sostenible es uno de los apartados más en boga de los últimos años y hemos pasado de "tardo tres horas de Madrid a Valencia" a "he logrado un consumo de X litros a los 100". Es un cambio de mentalidad muy notable y casi opuesto a lo que antes se podía encontrar. Lo mejor de todo es que no se han perdido prestaciones ni agrado de conducción, todo un logro si tenemos en cuenta la tecnología y la complejidad de los automóviles actuales.

Otro punto que pasa totalmente desapercibido es la forma de conducir. A pesar de la tecnología aplicada en los coches modernos, de los diferentes sistemas electrónicos y de las distintas opciones mecánicas, no es necesario hacer nada diferente a lo que hemos hecho toda la vida al volante de un vehículo. Todo es tan exactamente igual, que oculta la espectacular ingeniería de la que disfrutamos. Sin embargo, en ocasiones hace falta una pequeña adaptación si queremos explotar las bondades de cada propulsor, como bien ocurrió con los motores diésel. Todos los que pasaron años conduciendo motores de gasolina se vieron obligados a cambiar ciertos hábitos para sacar todo el provecho de los propulsores de gasóleo. Cosas cómo revolucionar menos el motor o circular en marchas largas para sacar el máximo partido del par de estos motores, fueron los primeros cambios que se hicieron a la hora de conducir.

Con las nuevas tecnologías pasa lo mismo, podemos conducir como siempre lo hemos hecho, pero si queremos obtener los mejores resultados, es importante tener en cuenta algunas consideraciones. Una situación que toma especial relevancia con los motores híbridos, pues el hecho de contar con dos propulsores totalmente diferentes y con distintas formas de funcionamiento, acarrea que sacar provecho de cada uno requiera acciones distintas. Distintas, pero tremendamente sencillas y fáciles de llevar a cabo ya que, como ocurrió con los motores diésel, simplemente se hace necesario adaptarse a ciertas circunstancias. De hecho, seguro que a muchos conductores les resultan familiares algunos apartados que vamos a ir desgranando, pues ya se hacían hace un par de décadas sin ir más lejos. Y ojo, que hace un par de décadas es hablar de finales de los años 90 y principios del 2000.

Bmw i8 color plata

Un híbrido en ciudad es una bendición

Para poder aprovechar los sistemas de un coche con motor híbrido, debemos entender primero qué tenemos entre manos. No es especialmente complicado si no entramos en demasiados detalles técnicos, que por otra parte, tampoco son necesarios. Basta con saber que bajo el capó hay un motor eléctrico y un motor de combustión, que según los datos analizados por el sistema de gestión del motor, necesidades de cada momento y la carga de la batería, combinan su funcionamiento para ofrecer las mejores prestaciones de la forma más eficiente posible. Esta forma de funcionar obliga a emplear un cambio automático, al ser una transmisión que se puede controlar mediante electrónica y por tanto, se puede adaptar a los requisitos de cada situación. Como norma general, cuando pulsamos el botón de arranque (raro es el híbrido que se pone en marcha con la llave) se pone en funcionamiento el motor eléctrico, por defecto y en total silencio. Un chivato en la instrumentación nos informa que el coche está ‘ready’.

A partir de aquí, si eres de aquellos conductores que pasan mucho tiempo en ciudad, esto te interesa sobremanera pues serán capaz de reducir costes de desplazamiento de forma muy, muy notable. Un motor eléctrico no funciona como uno de combustión, desde el primer momento está entregando todo su potencial, se les denomina ‘motores de par constante’, su entrega de par no varía en ningún momento y siempre ‘lo dan todo’. Esta particularidad hace que circular en modo eléctrico sea extremadamente sencillo, económico y gratificante, pues sólo basta levantar el pedal del freno para que el coche comience a andar. De hecho, se puede mantener el paso de un persona sin pisar el acelerador y por supuesto, no estaremos gastando ni una sola gota de gasolina. Cuando vayamos a acelerar, interesa que seamos muy suaves con el pedal, si pisamos el pedal en exceso entrará en funcionamiento el motor de combustión y los beneficios de tener un motor eléctrico se acabarán. Si somos suaves con el acelerador podremos realizar recorridos por poblado sin emplear nada de combustible con el ahorro que supone, aunque en cuanto se termine la batería o esté próxima a agotarse, entrará en acción el motor de combustión interna.

En recorridos de ciudad es cuando un motor convencional más gasta. Esto es debido a que romper la resistencia al avance requiere de mucha energía y ésta proviene de quemar combustible. Como en ciudad se para y reanuda la marcha continuamente, el gasto aumenta. Si nos adaptamos a las circunstancias, es decir, nos anticipamos a lo que está por venir, aprovechamos las bajadas para ganar algo de velocidad, no pisamos en exceso el acelerador y mantenemos velocidades bajas y constantes, el ahorro en combustible se nota en el bolsillo y de paso, reducimos la contaminación en la misma proporción. También interesa frenar con suavidad para  que los sistemas de recuperación de energía hagan su trabajo y recarguen la batería, permitiendo una mayor autonomía en eléctrico.

Hyundai Ioniq blanco

Conocer los modos de conducción es algo vital

Todos los coches con motor híbrido traen un sistema con selección de modos de conducción. En realidad, casi todos los coches, híbridos o no, traen algo similar, pero en el caso de nuestros protagonistas, son especialmente interesantes. Por lo general, los programas disponibles son cuatro: Auto, ECO, Power y EV. El primer modo poca explicación necesita, la gestión electrónica del coche se encarga de combinar los motores según las necesidades para ofrecer el mejor resultado entre eficiencia y prestaciones. El segundo está enfocado a la eficiencia, la centralita da prioridad al motor eléctrico evitando activar el de combustión todo lo posible (hay que pisar algo más el acelerador para ganar velocidad, la climatización funciona de una forma más eficiente, la dirección asistida eléctrica sólo se activa cuando movemos el volante, la recuperación de energía es mucho mayor…). El modo Power se olvida por completo de la eficiencia y entrega toda la potencia disponible combinando al máximo los dos motores. El modo EV significa ‘Electric Vehicle’, es decir, sólo funciona en eléctrico puro bajo determinadas circunstancias.

Saber cuándo y cómo usar estos sistemas puede ser un punto a favor para reducir los consumos y explotar los beneficios de un motor eléctrico. El modo Auto, por ejemplo, es ideal para carreteras y autopistas pues tendríamos la mejor combinación de los dos motores, con potencia cuando sea necesario y bajos consumos a velocidades constantes. El modo ECO es perfecto para movernos por poblado, con el motor eléctrico como propulsor principal y el de combustión para momentos que sea necesario recargar la batería o situaciones puntuales. El modo Power deberíamos dejarlo para las ocasiones que necesitemos la potencia al máximo, como adelantamientos, incorporaciones a autopista, pendientes pronunciadas y cosas así. Respecto al último, al modo EV, lo usaríamos para los recorridos a muy baja velocidad como buscar un hueco para aparcar, entradas y salidas de garajes o zonas residenciales donde la velocidad está muy limitada. Esto es debido a la programación que suelen tener estos modos de funcionamiento totalmente eléctrico, que se desactiva cuando presionamos en exceso el acelerador y superamos velocidades de entre 40 ó 50 km/h.